08 diciembre, 2014

SiEmPrE tU

SiEmPrE tU
parejas: yahuhika
one shot
lemon
¡hey chicas!este es un reto que lanzamos aquí mi comadre y yo, un poco por aburrimiento y otro para intentar revivir este blog que tenemos muy abandonado. el reto era publicar hoy día lunes un one shot y quien no lo escribiera y publicara escribiría dos para el miércoles y así sucesivamente. tengo que decir que casi pierdo XD.
 espero disfruten estos dos fics.

Miro el cuerpo desnudo y tibio que estaba a su lado. Delineo las facciones femeninas que se asomaban por debajo de la mata de cabello que cubría aquel rostro y una opresión en el pecho se instaló de forma dolorosa.
Lo extrañaba de una forma casi obsesiva y desquiciada. Mirar el cuerpo que curveado y carente de esa masculinidad que tanto le gustaba de él, hacía que se arrepintiera una y mil veces de haber tomada aquella decisión.
Se levantó despacio tomando de la silla que había en su cuarto la pequeña bata que ella le había comprado. Se acercó al armario y busco entre sus pertenencias algo de ropa que pudiera abrigarle en esa noche invernal.
—¿A dónde vas? — Preguntó la chica levantándose para mirar el reloj de la cómoda— son las 12 de la noche—
—Tengo que ir a verle— dijo sin preámbulos apresurando el amarre a sus tennis intentando salir rápidamente.
—Ya te habías tardado— soltó la chica con un poco de rencor y tristeza en la voz. Se levantó de la cama, yendo a recoger parte de su ropa y comenzar a vestirse— sabes Yabu, al final te quedaras como el perro de las dos tortas—
Kota tuvo la decencia de agachar la mirada.
La chica continúo.
—Sin una y sin la otra— termino de vestirse y paso al lado del chico que quedo petrificado en la puerta— vendré después por mis cosas— y salió de la casa sin mirar atrás.
Al poco rato Yabu salió también.
Llego ante la puerta de aquella que había sido su refugio durante varios años y que por una estupidez había abandonado. Busco entre los bolsillos de su pantalón el juego de llaves que una vez Hikaru le había dado, deseando con todo su corazón que no haya cambiado la combinación. Cuando el cerrojo cedió ante él, una corriente eléctrica le recorrió su cuerpo. Estaba nuevamente en  casa.
Caminó por la pequeña sala hasta encontrar la puerta que lo separaba de Hikaru, y su corazón comenzó a latir desesperado. La abrió lentamente rezando a todas las deidades porque el rechinido no despertara al castaño.
La habitación estaba como la recordaba, pequeña, pero con una calidez que muchas veces añoraba en los brazos de ella.
Se deslizo por la habitación acercándose a la cama donde Hikaru dormía plácidamente, acaricio la mejilla caliente y desvió los ojos a esa boca apetecible que extrañaba tanto. Se preguntó si sabrían igual, si encajarían como siempre.
Acerco su rostro importándole ya poco si lo despertaba o no. Lo único que quería era satisfacer lo deseos de probarlo nuevamente, de tenerlo bajo él jadeando y diciendo incoherencias. Saborear la piel salada y recorrer con sus manos la piel imperfecta que había bajo las frazadas. Subió a la cama metiéndose entre las sabanas imprimiendo todo su peso en el cuerpo del otro. Bendito Kamisama, estaba desnudo.
Hikaru abrió los ojos asustado por la opresión y antes de que pudiera decir nada Yabu asalto su boca con desesperación. No fue un beso cálido, ni tierno, ni mucho menos amoroso, fue un beso impregnado de frustración, de deseo y anhelos reprimidos, un beso que demandaba ser reciproco y que con cada segundo que pasaba iba siendo aceptado por el receptor.
Los brazos de Hikaru se ciñeron a su cuello acercándolo, si es que se podía, mas a su cuerpo. Como queriendo tatuarlo en su piel. Lo tomo de los cabello separándolo de su boca y sonriendo con calidez.
—Tardaste en volver— susurró en la boca del otro delineando con la lengua el labio inferior, para después, morderlo con saña y sacar un fuerte gemido por parte del otro.
—Lo sé — susurró arrepentido— perdóname, yo te—
—shhh— depositó un beso en el maltrecho labio— ya no importa, estas aquí que es lo que vale—
—pero… yo—
—no hables, solo recuperemos el tiempo perdido— deslizó las manos por el torso de Yabu y las hundió entre los pliegues de la ropa. Acunó con sus manos las bolas del mayor, sacándoles a ambos gemidos de placer, uno por la acción y el otro por la anticipación de saber que ese pedazo de carne estaría enterrado dentro de él en unos cuantos minutos.
Yabu se separó de inmediato despojándose a una velocidad impresionante de la ropa que traía consigo. Al término, se abalanzó sobre el menor apropiándose de esos labios tóxicos. Su boca se hallaba anclada a la del otro, pero sus manos recorrían casi con adoración el cuerpo que se le ofrecía en bandeja de plata.
Cuando sus manos encontraron el miembro del otro, ambos jadearon de anticipación. Sus penes estaban duros y dolorosamente ansiosos. Yabu los cogió a ambos y comenzó a friccionarlos con fuerza. Dejaron de besarse para así poder gemir a su libre antojo y lanzar exclamaciones sucias y sádicas a la vez.
—¡Cógeme de una maldita vez!— exclamo Hikaru al borde del orgasmo— ¡vamos hazlo!— movió las caderas hacia arriba y hacia abajo dándole a conocer su desesperación.
Y Yabu como buen amante que era, se arrodillo frente a las piernas abiertas que le ofrecía el menor. Acerco su rostro al pene que ahora goteaba pre seminal y lo lamio golosamente. Hikaru se contorsiono por el placer.
—no sigas que me vendré sin ti— se quejó, aunque no muy convencido de lo que decía.
—quiero ver que lo hagas, quiero ver como tus pelotas se contraen y tu miembro me regala su leche.
Hikaru se mordió el labio intentando que sus terminales nerviosas no cedieran, pero para ese momento sus testículos estaban duros, y con unas cuantas lamidas más, el menor se vino con fuerza arqueando al espalda hasta derramar la última gota sobre los labios de su amante.
Era una imagen bella, ver a Hikaru postorgasmico era el mejor regalo que pudieran ofrecerle. Aparto los cabellos húmedos que se pegaban al cráneo y bebió de la sal de su sudor. Siguió repartiendo besos por todo el cuerpo caliente que se le ofrecía intentando que las terminales de Hikaru renacieran.
Acaricio las piernas del menor  mientras el castaño comenzaba a arquearse pues esa zona era muy sensible para él. Siguió delineando la piel que se encontraba cerca de los testículos, una mano siguió la línea de las nalgas hasta encontrar la entrada húmeda. La acaricio con un dedo presionando levemente y la alejo para acunar los testículos en su mano. De nueva cuenta realizo el mismo ritual; pero esta vez introdujo una falange. El calor que lo recibió se fue directo a su entrepierna y con mayor determinación hundo por completo el dedo moviéndolo de arriba abajo. Para ese momento Hikaru era una masa temblorosa pidiendo más y más, y yabu como buen amante, se lo otorgó.
Hundió un segundo dedo moviéndolo de un lado al otro, después, le siguió un tercero y para el cuarto Hikaru estaba nuevamente al borde de un orgasmo. Retiro los dedos de dentro del menor y levantándolo por las piernas las coloco sobre sus hombros. Posiciono su miembro tocando la entrada ya lubricada, que Hikaru jamás supo cuando sucedió eso y se hundió con fuerza dentro de su amante. Era magnifico, Yabu se quedó gozando de la sensación de estar de nuevo dentro de aquella cavidad estrecha y húmeda, no le pedía nada al coño de ella, pero sabía que prefería mil veces estar dentro de Hika.
—Te extrañe tanto— dijo imprimiendo la primera estocada —no me volveré a ir— y ya no pudo seguir hablando pues los jadeos por la excitación le nublaban la mente.
Las embestidas eran fuertes, como queriendo dejar otra vez en el menor esa marca que se había desvanecido. Quería marcarlo nuevamente como suyo, que todos vieran que Hikaru Yaotome le pertenecería siempre, por eso se inclinó hacia el menor dejando de moverse un momento y lo mordió cual vampiro a su víctima. Solo pudo escuchar el suspiro de satisfacción del menor y de inmediato reanudo los embates.
Hikaru jadeaba, tanto por las embestidas que le cortaban la respiración , como por la excitación que cada vez iba endureciendo mas sus testículos y que su miembro estaba duro y arriba como un hasta. Comenzó a bombear de arriba abajo mientras gemía entrecortado el nombre de Yabu.
Cuando sintió que el orgasmo lo asaltaría de nuevo, apretó el culo haciendo que Yabu soltara una maldición deliciosa.
—¡oh si!— exclamó— hazlo de nuevo, ahórcame —
Hikaru obedeció apretando las nalgas y relajándolas. La fricción era más fuerte y dolorosa, pero a la vez fantástica.
Tardaron unos segundos más en venirse juntos, Yabu derramando su leche dentro del menor y Hikaru sobre su vientre.
Yabu cerró los ojos sintiendo los espasmos del orgasmo levantar todos los vellitos de piel. Y sintió felicidad.
—Estuviste grandioso— dijo— nunca me lo habías hecho con tanta pasión —
Yabu abrió los ojos de golpe, sintiendo que su estómago caía hasta el suelo. Miro entre las piernas aún abiertas de su amante y sintió deseos de llorar.
Se salió de ella sin contestar nada, la dejo ahí sabiendo que ella se seniria usada, pero que de igual forma él se sentía. Entro al baño cerrándolo por dentro y se sentó a llorar.
Jamás volvería estar con Hikaru pues no tenía el valor de terminar con ella, y sobre todo porque sabía que Hikaru jamás aceptaría ser plato de segunda mesa.
Lloro hasta que la sensación de la piel de Hikaru desapareció de su mente pero no de su piel y salió a disculparse con ella que lo esperaba paciente al borde de la cama.

Fin