17 octubre, 2012

CiNdErElLa BoY 10






No podía evitar sentirse de esa manera; pero la odiaba, la odiaba de sobre manera ¿Cómo era posible que le hiciera eso a su propio hijo? ¿Por qué debían de ser así las cosas?-  acerco sus manos a su rostro y se restregó los ojos con ellas. No quería casarse con ella, de hecho con ella ni con ninguna otra mujer pues su corazón ya tenía dueño.  Abrió lentamente los ojos esperando a que su vista se aclarase por la presión de sus manos sobre de ellos y sonrió.

-          Mi corazón ya tiene dueño- volvió a esbozar una sonrisa -¡Daiki!- pensó el mayor levantándose de la cama - tengo que ir a hablar con él-

 Corrió hacia la cocina pues ahí era donde casi siempre encontraba a Arioka en las tardes.

-          ¡Daiki!- grito entrando como bólido en aquella habitación, pero los presentes aparte de sorprenderse por la intromisión le hicieron saber que el mencionado no estaba ahí, que la patrona le había hecho llamar hacia como cinco minutos. Decido esperar el tiempo pertinente para después ir en su búsqueda.

-          ¿Mando llamarme señora?- expreso Daiki haciendo una reverencia.

-          Si- contesto la mujer- esta es tu paga- dijo lanzándole sobre el escritorio un fajo de billetes-  desde estos momentos ya no son prescindibles tus servicios, quiero que te vayas de una vez de mi casa, después mandare a que se llevan tus cosas, pero no quiero verte por aquí, si no mandare a llamar a la policía.

-          ¿He hecho algo malo que amerite tal trato?-  pregunto mirándola directo a los ojos, la mujer le rehuyó

-          Simplemente que te has vuelto muy torpe últimamente y lo de hace rato con Takaki fue la gota que derramo el vaso, así que ya no quiero verte, te doy diez minutos. Mande llamar un taxi para que te lleve a donde quieras.

-          No gracias- expreso daiki en tono frio- no es necesario que se tome esa molestia-

-          No me repliques- contesto la mujer fulminándolo con la mirada.

Daiki no dijo ni expreso nada, tomó aquel dinero, hizo otra reverencia y preguntándole si no deseaba otra cosa  abrió la puerta del despacho topándose con takaki.

-          ¡Daiki!- Takaki expreso exaltado mirándolo de arriba abajo.

-          Joven yuya – fue lo único que atino a decir de lo nervioso que estaba.

-          ¡Hijo!  que bueno que estas aquí pasa- dijo la mujer con rapidez.

-          Tenemos que hablar- dijo Takaki dando un paso al frente-  hay algunas cosas que todavía quiero que me expliques-  lo jalo del brazo - además de terminar otra que dejamos pendiente- cuando le dijo eso rozo con sus dedos aquella piel.

El corazón de Daiki comenzó a bombear rápidamente, regreso la mirada al frente y siguió caminando.

-          Madre tenemos que hablar- dijo azotando la puerta al entrar -no pienso casarme con esa chica, no puedes obligarme, no la quiero y jamás lo hare primero me voy de esta casa antes de…- pero la mujer lo interrumpió.

-          Ya no será necesario que te cases con ella- sonrió alegre su madre.

-          ¿qué?- pregunto sorprendido pues no se esperaba esa respuesta.

-          Que, no es lo que querías, o si lo prefieres seguimos con los planes.

-          ¡No!- grito sonriendo- no se porque hayas cambiado de opinión pero te lo estoy muy agradecido- sonrió mas esbozando una enorme expresión en el rostro- bueno si me disculpas – dijo haciendo una reverencia para salir, pero la mujer lo retuvo el tiempo suficiente para que no se encontrara con Daiki.

-          Espera hijo, necesitamos hablar de algunos negocios que no van bien –

-          ¡Eh! nunca me habías pedido opinión- contesto sorprendido dando un paso para tomar el asiento que su madre le ofrecía-

-          Pero ya va siendo hora no crees- dijo su madre mirando el gran reloj que tenia justo enfrente y sonrió aun mas.

Daiki entro a la cocina pero no había nadie en ella, se dirigió con paso pesado hacia las habitaciones, entro en la que le correspondía y se tumbo sobre la cama. Tenía ganas de llorar era una opresión en el pecho que le impedía respirar bien.

-          Diez minutos- miro su reloj de mano y noto que ya habían paso cinco, se levanto presuroso y comenzó a guardar en una maleta lo mas prescindible y preciado para el.

Escucho como llamaban a la puerta y de inmediato supo de quien se trataba.

-          Se te acabo el tiempo- la expresión de triunfo de Kairi se le podía notar hasta en los poros. Paso a un lado de Daiki para dejarle el paso mientras esbozaba una pútrida sonrisa.

Daiki paso a un lado al tiempo que Kairi lo empujaba para que saliera más rápido.

-          ¿Qué te pasa? – grillo el Arioka empujándolo de igual manera-

-          Apúrale que ya se te acabo el tiempo o quieres que llame a la policía –

-          Eres un idiota lo sabías-

-          Di lo que quieras, pero te gane-

Ambos salieron por el área de servicio al patio trasero ahí ya estaba uno de los vehículos.

-          ¿A donde te llevo?- pregunto ásperamente al ponerse al volante.

-          A la casa de Morimoto-

-          Claro- arranco el motor  y emprendió la salida de la casa, Daiki podía escuchar que Kairi hablaba por teléfono pero no le prestó la más mínima atención. – bueno…. si ya esta… si ya no  hay problema, el encargo ya va a ser entregado- y miro por el retrovisor a Arioka pero este estaba perdido en otro mundo- si de acuerdo… está bien, es el momento para sacar todo de ahí.  Muy  bien adiós.

La mujer colgó y miro a su hijo sonriente.

El camino hacia la casa de Ryutaro se  le había hecho eterna pero; como se encontraba sumido en sus pensamientos no se daba cuenta por donde andaban.

-          Oye – dijo cuando al fin se percato- este camino no va hacia la casa de ryu- dijo mirando atreves del cristal, era un paraje solitario y tenebroso.

-          A penas te das cuenta- su voz sonaba cargada de maldad- no soy tu chofer para estarte llevando a donde quieras-

-          Detente- grito acercándose a el- Kairi detuvo el automóvil y Daiki se bajo para ver en donde estaba- donde demonios me has traído-

-          Hay no te sulfures- se acerco a Daiki- el mayor se giro para verlo y recibió un golpe certero justo en la boca del estomago cayendo de bruces – ya te tenía ganas desde hace tiempo- y le propino una patada al rostro tirándolo completamente al suelo. Después de eso esculco al menor y le quito el dinero y algunas pertenencias.

-          ¡¡Ohhh!!, te digo un secreto.

Daiki aun se retorcia del dolor.

Yuya ya no se casara con la niña tonta esa, sino ahora se casara el joven y aburrido Keito, que te parece, de verdad que la señora da miedo hizo todo eso solo para quedarse con el pequeño Morimoto.  Pero en fin  adiós.

Camino aun lado de Daiki, se subio al auto y cuando estaba a punto de arrancar daiki se interpuso .

-          ¿Cuando es la boda?- pregunto el mayor escupiendo sangre pues kairi le había roto el labio.

-          Dentro de cinco días- sonrió maléficamente- hay daiki te gane, yuya será para mi.

-          Sabes que, aun con tus engaños y todo, yuya me prefiere a mi sobre todas las cosas, me lo demostró hace rato, asi … que ..-  daiki se quejo un poco – no has ganado nada-

Y sin mas comenzó a caminar por orilla de la carretera.

El coraje que había quedado dentro de kairi le hizo perder la razón, afianzo con fuerza el volante y embistió con todo a daiki, el mayor solo sintió su cuerpo volar por unos segundos para después chocar contra la dura carretera.


Abrió los ojos aun somnoliento por aquella mala noche, abrazaba con fuerza aquel pedazo de tela aspirando ese aroma que le permitir seguir aferrándose a la idea de que él, en algún momento entraría por esa puerta.

Tres días habían pasado desde que daiki había desaparecido, nadie sabía nada, nada en la televisión, nada en los periódicos, nada en la radio, nada en el teléfono de ryu que parecía obsesionado mirándolo a cada momento.

-          ¿Aun no hay noticias de él?- pregunto keito al ver por enésima vez en cinco minutos que ryu miraba el celular.

-          No aun no- contesto desganado-

-          Y, no has pensado en la posibilidad de que daiki decidiera irse sin decirte nada-

Ryu lo fulmino con la mirada

-          No, el jamás se iría sin decirme nada, él es mi hermano y los hermanos no se abandonan- su voz se quebró al terminar la frase e intentando contener el llanto prosiguió- el jamás me abandonaría, él  no me pudo haber hecho eso-

-          Y no crees que es mejor pensar que se fue a pensar que le pudo haber pasado algo-

Ryu lo miro con los ojos aun mas hinchados.

-          No, no le pudo haber pasado algo- keito se levanto de la cama quitándole de las manos la escoba que estaba empleando para limpiar.

-          Él está bien- dijo limpiándole las lagrimas de esas mejillas que se encendieron por aquel contacto. Lo abrazo fuertemente deseando que ese momento durara para siempre, poco a poco fue llevando sus manos hacia el rostro del menor, paso un dedo sobre las mejillas limpiando las lagrimas que lo cubrían.

-          No llores- dijo al ver que el otro no dejaba de hacerlo – no llores- volvió a decir ahora borrando una lagrima con sus labios y, sin pensarlo, solo dejándose llevar repartió besos por aquella piel sedosa, hasta que por fin besos esos labios tibios y carnosos.

Ryu solo se dejaba llevar por esa ola de sentimientos que estaban emergiendo en ese momento.

-          Te quiero – repitió keito tantas veces como besos fue depositando sobre la piel del otro.

-          Yo…- dijo ryu intentando decir algo pero su cuerpo no le permitía pensar bien- mmm yo- gimió al sentir como las manos de keito habían ingresado bajo la tela de su camisa.

-          ¿Tu que ryu?- pregunto agitado, comenzando a levantar esa tela estorbosa.
-          Ahhh yo uhmm- gimió al sentir un beso sobre su abdomen- te quiero- y acercando sus labios a los del mayor le susurro lascivamente- y quiero que me hagas el amor.

Keito al escuchar aquella revelación dejo de reprimir el deseo de comérselo a besos y dio rienda suelta a sus instintos.

Keito beso esos labios con mayor fervor, despojo al  menor de esa prenda estorbosa exponiendo aquella piel blanca erizada por el frio y la vergüenza de haber sido exhibida ante el por primera vez.

Los labios de keito viajaron presurosos por el torso del menor arrancándoles a ambos suspiros lujuriosos.

Ryutaro dejo que esos sentimientos reprimidos emergieran con cada roce de aquellas manos que calentaban su cuerpo, pidiendo en cada gota de sudor frio que se generaba en su cuello, más y más de ese cuerpo que poco a poco lo recostaba y se posicionaba encima suyo.

Daiki había desaparecido de sus pensamientos, ahora solo importaba lo que ambos sentían en ese momento, lo que siempre  habían ansiado y se negaban a aceptar o simplemente no habían tenido el valor.

-          Te he deseado tanto – keito cerró los ojos, había dicho aquellas palabras con tanta emoción, temiendo que todo fuera un sueño, solo un sueño más de esos que tenia al acostarse y que parecían mágicos, de esos que tenia despierto al ver a ryu hacer algún gesto, algún movimiento que activaba involuntariamente su imaginación.

Pero ahora no era un espejismo, ese cuerpo debajo de él existía y, sabía que al abrir los ojos no vería una triste almohada burlarse de él.

-          Yo también- contesto morimoto  besando primero un parpado – yo también te he deseado desde hace mucho- concluyo besando el otro para después concluir besándolo en los labios.

Era exquisito sentirse juntos, el calor de sus cuerpos iba en aumento, keito siguió besando delicadamente la piel de morimoto, sus manos  alborotaban ese cabello azabache mientras intentaba profundizar los besos.

Sus caderas involuntarias se movían en un vaivén coreográfico incitado por el efecto de las caricias.

-          Desnúdame- fue lo que keito escucho después de haberlo acariciado debajo de la ropa, el rostro del menor estaba completamente rojo, su vista la había fijado al techo – porque yo no podre hacerlo y menos si sigues mirándome así- se sonrojo aun mas.

Keito sonrío, un cuando su Ryutaro demostrar una madurez innatural para su edad en el fondo seguía siendo un adolescente.

-          Por eso te adoro, por tu inocencia- y así lentamente comenzó a sacar las prendas.

-          Me haces cosquillas – rio el menor deteniendo las manos juguetonas de Keito.

-          Cosquillas eh!!- sonrío maldosamente iniciando una guerra de cosquillas.

-          Ryutaro se removía debajo descontroladamente, giró su cuerpo boca abajo aprisionando las manos de Keito con su estomago. El rostro de Okamoto quedo a centímetros de esa piel que despedía aunque Ryutaro tuviera vergüenza las señales precisas para hacer el amor. Ryu detuvo todo movimientos al sentir como los labios de Keito habían tocado su piel, llevo sus manos hacia su boca ahogando un gemido respirando profusamente ante cada contacto, las manos del mayor se movían debajo, pero él no prestaba atención a eso, su mente se nublo al sentir la lengua húmeda y caliente de Okamoto recorrer cada milímetro de su piel, arqueo la espalda al sentir un espasmo recorrer desde su pecho hasta sus piernas, recargo sus codos sobre la alfombra levantando su cuerpo. Keito había desabrochado su pantalón introduciendo sus manos bajo la tela.

-          ¡¡ahh!!- suspiro el menor sintiendo que sus piernas perderían fuerza si Keito continuaba haciendo eso.

Por su parte el mayor siguió apretando con mayor vehemencia el palpitante miembro de su amante, poco a poco fue bajando el pantalón y el bóxer hasta quedar al descubierta esa perfecta entrada rosada.

Ryutaro seguía ahogando sus gemidos bajo sus manos que cubrían toda su boca, sus piernas flaqueaban y tensaban con cada contacto. El menor no supo ni cuando fue que ambos ya estaban completamente desnudos. Las caricias de Okamoto le hacían perder la noción del tiempo y el espacio. Pudo sentir algo duro rozar su entrada y una nueva sensación surgió en el,  un deseo incontrolable por sentir mas presión en aquella zona, estaba surgiendo un Ryutaro que no conocía, uno que quería sentir a Keito fuertemente dentro de él, que le hicieran sacar gemidos insaciables. Sentía vergüenza por eso, pero no podía seguir negándose que lo anhelaba con fuerza, que había ansiado igual que el otro ese encuentro y que deseaba demostrar que no solo aparentaba ser un hombre, si no, que lo era verdaderamente.

Lentamente se fue girando hasta quedar frente a frente, Morimoto se sentó sobre las piernas flexionadas del mayor abrazándolo posesivamente, podía sentir el miembro del mayor palpitar debajo suyo, pausadamente fue recostándolo sobre la bullida alfombra, mientras el continuaba encima suyo agitando sus caderas incitando al mayor.

 Keito miraba extasiado al joven que ahora se había enfrascado en la tarea de masajear aquel miembro duro como un asta. Se removía arqueando la cadera al sentir como la boca de Ryutaro rodeaba su miembro, una sensación caliente y húmeda, la lengua de Ryutaro jugaba por toda la extensión sacándole más de un sonoro gemido.

Cuando no pudo resistir más la situación, se levanto y levanto a Morimoto del suelo  y cargándolo lo fue a aprisionar contra la pared,  mientras tanto Ryutaro besaba como si no hubiera un mañana la boca de okamoto enredando sus dedos en aquella cabellera.

Keito mordía y chupaba aquella piel dejando marcas visibles para que nadie más osara a tocarlo y poder reclamar que él era el dueño de ellas y de ese cuerpo que se revolcaba en sus brazos.

-          Hazlo de una vez- gimió sonoramente el menor incitando cada vez más a que Okamoto lo tomara.

Estaba bien, ya no había vuelta atrás, bajo una pierna de las que había estado sosteniendo, acerco un dedo tanteando la entrada del menor, lentamente fue abriéndose paso por aquel conducto. Ryutaro dejo de besarlo para recargar su rostro sobre el hombro de aquel que estaba a punto de quitarle su primera vez. 
-          ¿Listo?- gimió el mayor al presionar con su miembro la entrada dilatada de morimoto
-           Uhmmm si – suspiro arqueando su espalda al sentir como su entrada se abría. Dolor era lo que sentía, un dolor como si miles de navajas cortaran su carne. Por un momento intento alejar a keito, pero ya era imposible estaban unidos, keito empujo su pelviz para quedar complemente dentro del otro y fue ahí, en ese fugas momento donde Ryutaro olvido el dolor y gimió con impudicia sobre el oído del mayor.

Keito había dado en el punto exacto, agarro con mayor fuerza la pierna que mantenía levantada y comenzó un vaivén delicioso, podía sentir como toda su hombría entraba en Ryutaro, era caliente, estrecho, esas paredes se friccionaban con descaro sobre su miembro.

Ryutaro apretaba los ojos, abriendo la boca jadeando, su respiración era cortada, las gotas de sudor corrían por su cuello para perderse en su estomago.

-          ¡Más rápido!- pidió el menor

Keito apresuro las embestidas

-          ¡Mmm si  así!- gimió sin decoro el menor, a esas alturas fingir una recatería que no sentía era mentirse el mismo- ahhh – suspiro agitado comenzando a besar a su amante.

El mundo se detuvo para ambos, nada existía a su alrededor, salvo lo que sucedía con ellos, sus voces, los suspiros bañados en deseo, los gemidos provistos de amor, sus cuerpos meneándose a la par como si fueran dos piezas que al unirse quedaran  ensambladas.

Las caricias sobre sus cuerpos, ese aroma que aspiraban como si su vida dependiera de ello, sus cabellos húmedos, los besos simples pero a la vez feroces. Todo había sido perfecto, la entrega había sido plena.

Ambos se miraban como si no dieran crédito a lo que había sucedido en aquella habitación, seguían mirándose  en la misma posición en donde acabaron juntos, aun no podían regular su respiración y no sabían si el rubor en sus rostros, era efecto de la fogosidad del encuentro o la vergüenza que empezaba a hacer mella en ellos.

-          ¿Te gusto?- hablo keito sonrojando mas al menor.

-          ¿Qué clase de pregunta es esa?- Ryutaro escondió el rostro.

No había más que preguntar por parte del mayor, esa reacción confirmaba todo lo que hubiera querido preguntarle.


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jeje tadan.... aqui termina este capitulo, espero que sea de su agrado XD lo que se les viene a esos dos T.T muajajajajajaja. espero que el sig cap sea el ultimo de cinderella.. bueno siempre digo lo mismo jijiji, pero espero que si.