15 agosto, 2014

Reencuentro

Reencuentro
Autora: AmiS
Pareja: InooTaro
Genero: Lemon
Extensión: Oneshot

No tardó mucho en responder su celular, era un número conocido pero no registrado.


-Tan fácil es olvidarme, ¿no?- dijo aquella voz rodeada de aquel bullicio.- ¿Ni un hola, ni un cómo estás?-

-Hace mucho que no te veo, no contestas mis llamadas, ni mis mensajes últimamente, es obvio- contesto el mayor, el silencio perduro unos segundos.

-Está bien, supongo que hemos terminado- afirmo aquella voz perdiéndose entre esa música a todo volumen.

-¿A dónde estás? ¿No te escucho?- replico el mayor tratando de que su corazón no estallara de tristeza a pesar de tener a su nuevo amor a su lado en la cama.

-Adiós- fue lo último que escucho de esa voz, volvió a escuchar esa canción tan de moda últimamente y todo se quedó en silencio.

Luego de colgar, salió a la pista con su vaso lleno de vodka en mano, para olvidar aquel ser por el cual su corazón estallaba, por el cual luchó y compartió sus años de famoso, por el cual se enamoró. Tanto quería olvidarle que no importa cual chica o chico se le pegara a la hora de bailar, era nueva esa mala costumbre de esos "nuevos amigos" que había acogido: mentirle a sus padres, saltarse una que otra clase, invernarse en el alcohol y el baile libre que le permitía sus 19 años. Es que no tenía nada más que hacer, lo que tanto quería no llegaba y sus esperanzas cada vez se esfumaban más.

Ahora él tenía novia y vivía con ella. Nunca dijo nada, nunca lo busco luego de aquello.

Ni por estar tan concentrado en la chica que tenía  entre sus brazos en la pista, evito darse cuenta de ese otro ser de pelo negro, alto y pianista que coqueteaba con varias chicas en una mesa muy apartada. 

-Hace mucho que no lo veo- pensó desenvolviéndose de la arpía que se comía su cuello a besos. Arreglo su ropa, su cabello y se acercó con pasos seguros. -Que bien te vez Inoo.- susurró llegando donde el mayor.
-Pero miren a quien tenemos por aquí- gritó para ser escuchado, los cuchicheos pararon y todas las miradas de la mesa se centraron en él, sentado en un sillón frente al otro. Atrevidamente vertió de aquel licor en un vaso grande llenándolo hasta el tope, lo alzó en señal de saludo bebiéndoselo.
Kei estaba sorprendido, jamás pensó en encontrarse con el menor en un lugar como ese, peor tomando como si agua se tratara ese gran vaso de Vodka. Aquello le recordó aquella fiesta en la cual él fue el encargado de embriagar al menor. -Que buenos recuerdos- pensó observándolo más detenidamente, sus facciones habían madurado, ahora cargaba un arete en su oreja izquierda, algo de bigote y el cabello hacía un lado, bien tieso con fijador, una chaqueta de cuero que tapaba esa camisetilla blanca apretada que resaltaba sus pectorales y  unos jeans rasgados de marca.-Vanidoso-Se le vino a la mente mientras levantaba su trago en respuesta al saludo del otro.

Casi inmediatamente varias de las chicas que rodeaban a Inoo se sentaron junto con Ryutaro haciéndole conversa, el mayor había regresado al interesante manoseo que tenía con aquella chica, y eso molestó al menor, el pianista no le estaba poniendo ni el mínimo de atención. Quería follarse a alguien, ese alguien lo ignoraba, eso no se lo perdonaría. 

No espero a que lo siga ignorando, se levantó bruscamente haciendo que las chicas a su lado se tambalearan y casi caerse de donde estaban, logrando así tener un poco de su atención, se acercó tanto que sus labios rosaron el oído del otro.-Te espero afuera- le susurró para luego alejarse del lugar directamente a la salida.

Espero cerca de la puerta, unos minutos a que el mayor saliera, su plan era sencillo: en aquella esquina oscura y mugrienta le partiría el culo a Inoo y con ello se contentaría por el resto de la madrugada. -Si es un plan perfecto- musito bajo viendo a la gente salir y entrara al antro.
 Pasaron otros minutos cuando el mayor digno en salir del lugar, lo vi acercarse y se dirigió a la oscuridad del pasillo.

-¿Para qué me hiciste salir? Estaba calientito adentro- se quejó Inoo siguiéndolo.

-Terminemos lo de aquella vez, ¿te acuerdas?- habló bajo, estaban relativamente cerca y no había nadie más que ellos. Lentamente se despojó de su costosa chaqueta de cuero colgándola en un clavo de la pared. -Ven Kei, acércate- lo incitó acercarse más. -No muerdo- dijo con sarcasmo.

Inoo le sonrió acortando la distancia entre ellos, un beso olvidado, ese era lo que sentía al tener al menor devorando sus labios, pasión, furia, lujuria, necesidad todo mezclado en ese intercambio de saliva con lengua.

El menor se aferró a su cuello para fundirse con su cuerpo, su lengua tocaba su garganta y falta de aire hizo que se separara ligeramente unos segundos para seguir besándolo, sus manos comenzaron a recorrer el cuerpo ajeno.

De a poco se despojaron en plena madrugada de sus camisas, las manos subían y bajaban por el abdomen de cada uno, Kei fue el primero en fijar sus manos en las tetillas del menor, un gemido ahogado  dio Ryutaro cuando sintió el apretón en esa arte sensible y otro gemido se escuchó cuando el mayor  mordió su labio inferior mientras se separaba de su boca para bajar a su cuello. Lentamente Inoo dejo su cuello para bajar al pecho y entretenerse en sus pezones, uno con su boca y el otro con sus manos ejerciendo fuerza en ese otro cuerpo para apegarlo a la pared. El menor se dejó acariciar, lamer y mordisquear por todo lugar, estaba disfrutándolo, hace mucho que su ex compañero de grupo no tomaba tanta atención de su cuerpo. Pero sin quedarse atrás dirigió su mano al pantalón del otro, desabrochando el cinturón y el bajando el cierre para meter mano en ese lugar donde habitaba el pesado de carne que quería probar una vez más.

Lentamente comenzó  a masajear el pene de Kei a medida que él aumentaba sus caricias en su pecho, gemidos era lo único que se escuchaba en el lugar, ni un carro osaba interrumpir su faena. Cuando sintió el pene erguido del otro, empujó al mayor para que se recostara a la pared, sin dejar de mirarlo lujuriosamente bajo hasta la altura de su miembro para darle unas largas lamidas y masturbarlo con su mano. Inoo trato de callar el gemido que salía de su garganta cuando la boca del menor rodeo su pene, cerro sus ojos y se agarró de la cabellera de Ryutaro para disfrutar de la felación. Llevaba un ritmo lento combinado con lamidas y cierto mordisco en la punta, al cabo de unos minutos aceleró sacando fuertes gemidos al mayor, su cabeza subía y bajaba por ese pedazo de carne, su lengua envolvía ese pene que se erguía más en su boca.

No paso mucho tiempo para que Kei llegara al clímax con la velocidad en el Ryutaro chupaba su pene, con un sonoro grito derramo todo su semen en la cavidad, el menor espero a que hubiera segregado completamente  para tragárselo y brindarle un último mordisco al punto del miembro antes de sacarlo de su boca. Se levantó a atacar la boca del mayor a besos hambrientos, sintió una mano acunarse en sus bolas y la otra bajado su zipper luego sintió los largos dedos del pianista rodear su ansioso pene, un apretón fuerte, un gemido entre sus besos y la otra mano en su trasero acercándolo si podía más al cuerpo del mayor.
 


Los besos había dejado de ser besos se habían convertido en mordidas por todo el cuello del menor y mordidas por el pecho del mayor, esa mano seguía masturbando el pene del otro  a ritmo acelerado sintiendo su punta húmeda y resbaladiza cada que pasaba uno de los dedos por la cabeza del pene del menor. Su propio pene volvía a despertar por esas duras y bruscas caricias que Ryutaro repartía por su cuerpo. Llevo su mano libre al culo del otro para rozar su entrada con sus dedos.

El menor pego un respingo cuando sintió dos dedos abriendo paso en su ano, se despegó de esa piel y subió a besar sus labios.-Ni lo creas- le susurró a Kei, se separó y lo empotró de un solo giro a la pared.- Esta vez entro yo- sentenció el menor mordiendo el hombro del otro.

-Ah… Ryu… no seas tan brusco- se quejó el mayor sintiendo los dientes en su piel.

Tomo su miembro posicionándolo en el trasero del otro, el mayor ahogo un quejido de dolor cuando comenzó a penetrarlo, hacía mucho tiempo que nadie lo penetraba y podía darse cuenta que Ryutaro ya no era el pequeño que conocía, por el porte que sintió de su pene entrando en su trasero tenía la plena idea que era más grande que su propio pene.

Morimoto no dejo que se acostumbrara a la intromisión, una vez adentro empezó con las penetraciones duras, pero lentas, sacando gemidos de dolor y excitación a Kei y a sí mismo.
Con un brazo abrazo el cuello del mayor para atraerlo a su rostro y volverlo a besar hambrientamente mientras aceleraba las embestidas en su culo, los besos acallaban los gemidos de los dos y le quitaban el aliento a la vez, logrando que se separaran para respirar.

Al poco tiempo, las penetraciones se volvieron irregulares, aceleradas, indefinidas y golpeaban la próstata del mayor haciéndolo gritar como puta en el desolado lugar, Ryutaro solo gruñía en su oído cada que entraba y mordía parte de su cuello cada que salía. La característica corriente eléctrica se fue concentrando en sus partes bajas dando señal que estaba por llegar al clímax, con ello trato de aumentar la velocidad, arremetía sin piedad el trasero de Kei, descargaba su furia interna en aquella cavidad meciendo sus cuerpos, logrando que el cuerpo de Kei que estaba pegado a la pared  sea maltratado por ésta y que se viniera en ella con un sonoro grito al sentir la mordida en su espalda cuando Ryutaro se vino en su interior.
 
-Así que aquí estabas- hablaron a sus espaldas

-¿Ya no me puedo divertir?- fue la respuesta de Ryutaro cuando salía del interior del otro.

-Ya nos vamos, ¿vienes?- dijo esa persona acercándose a los dos.

-Déjame vestirme- respondió recogiendo sus ropas

-Apura- fue lo último que le dijo alejándose  de ahí.

Kei tan solo observaba seriamente la conversación del menor con ese chico que se reunía a un grupo a lo lejos. -¿Amigo tuyo?- le pregunto mientras se ponía su ropa también.
-Podría decirse- fue la fría respuesta del menor. –Adiós Kei, salúdame a los demás- le dijo alejándose de él rápidamente y acercándose a ese grupo de adolescentes que lo esperaban. Sin darle tiempo al mayor para que protestase o siquiera pidiera su celular para contactarlo.